José Hierro 1975

 

  La pintura actual de Dimitri Perdikidis, el griego hispanizado, es el reverso de aquella otra suya. Hoy da una imagen patética de la realidad como ayer la imagen interior del hombre. Ayer era informalismo, hoy documento del mundo en torno. Los medios de comunicación de masas – el cine la fotografía o el cartel – fueron influidos por el arte puro. Hoy es el arte el que recupera la herencia, y se aproxima al cine en esas secuencias que nos ofrecen momentos sucesivos de una acción. Perdikidis, clásico por heleno, fía todo el patetismo de las obras que presenta en la Galería Ynguanzo, a la índole de las imágenes utilizadas, procedentes de la fotografía. Pero él cuenta de manera contenida, con técnica impasible, rociando el color como un cartelista, a fin de que no quede allí huella de su mano nerviosa que pueda delatarlo. Cuenta el horror sin arrebatos expresionistas. Una manifestación, unos prisioneros, una madre con su hijo: he ahí la realidad de los periódicos. Pero todos ellos aparecen encuadrados en estructuras rigurosas, flechas, indicios, cintas perforadas que, por contraste, realzan tal patetismo. A veces el simbolo es una cabeza clásica, a punto de ser pisoteada por soldados, coronada de espinas. El patetismo, insisto, procede del sosiego con que nos cuenta lo atroz; del contraste entre los elementos tomados de la vida y los aportados por el arte. Es la belleza imposible, resignada a ser expresión documental, ámbito ya sin magia, marco inútil para los horrores de nuestro mundo.

 

JOSÉ HIERRO, Nuevo Diario, 27/4/1975. Artículo con ocasión de la exposición de D. P. en la Sala de Exposiciones de la Dirección General de Bellas Arte

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